1 de Julio

Hoy ganó el pueblo, y esa es la victoria que de verdad importa. Si bien no soy partidario del candidato que ganó, me enaltece que haya ganado la opción que escogió la gente, aunque la meyoría de las personas se guiaron por una fe ciega. ¿Por qué elegir alguien que no es capaz de hilar bien una oración, o no tener idea de la complejidad de la sociedad?
Pero si bien esa y otras preguntas más me pueden surgir respecto a los otros, también surgen sobre mi actuar: ¿por qué no voté? Mi respuesta, insuficiente y de manera superficial, se resume en dos salidas:
1. El pensamiento anarquista que actualmente sustentan mis ideales.
2. La paranoia que vivo de que mis datos las tenga el Estado.
Si bien no son suficientes para la gente (además de la burocracia que odio y trato en la medida de lo posible no hacer ningún trámite), lo son para mi.
Claro, eso tampoco significa que hice caso omiso de las elecciones, o que no haya tenido un sentimiento encontrado a la hora de que se mencionó quien ganó. Si hubiera votado, sin duda lo hubiera hecho por Anaya, pues los ideales de un mercado libre y privatizador se acercan más a mis ideales de un Estado mínimo; sin embargo, es lo mismo: el poder de un Estado. Al fin y al cabo, si ubiera votado por alguien, era votar por un enemigo a vencer, y eso no es posible.
Lo que queda ahora es luchar y salir adelante. El problema: que para luchar es necesario organizarse, y soy pésimo para ello. La solución para lejana, y por el momento, no queda más que sobrevivir.



